Me he sentido en la necesidad de escribir estas líneas para poder compartir esto que siento, que me duele y me conforta.
No solo perdí a mi abuela, sino también a una gran compañera, un ser que incondicionalmente estaba a mi lado demostrándome su cariño, un ser que amé tanto como se puede amar a alguien. Que sin ser necesaria una evidencia me decía cuanto me amaba; solo con mirarme, abrazarme o dejar que la cubriera de besos me compartía esa luz tan particular que solo ella irradiaba.
Una mujer que sin duda nos ha marcado a todos, cuya principal herencia está aquí, frente a ella: su familia. No hay mejor recuerdo en su honor que esta maravillosa familia, que tanto cuidó, consintió, conservó y amó.
No solo perdí a mi abuela, perdí a una segunda madre que me chiqueaba, regañaba y bendecía siempre que podía.
Pero a su vez he ganado un ángel, un ángel que a través de ese amor tan fecundo que depositó en mi y en cada uno de nosotros nos seguirá bendiciendo siempre, nos consolará y cuidará.
Hemos ganado un ángel, un ángel extraordinario.
Vita, abui… te doy las gracias por todo, por tu maravilloso ser, por tu amor, por tu luz; te doy gracias y siempre te llevaré conmigo. Y aunque habrá veces que me duela tu ausencia, al final ten por seguro que tocaré esa fuerza que me enseñaste… “Dios es más grande que mi problema”. Te veo, te siento conmigo, me veo a través de tus ojos, siempre viviré a través de tu amor, de tu luz.
No solo he perdido a mi abuela, también he ganado un ángel… y en verdad que es un ángel extraordinario…
Te amo,
Carlos