Después de haber cruzado el Atlántico en un 747-400 por fin pisé tierras europeas. El Aeropuerto de Heathrow en Londres me recibió con un clima típico londinense. Mi estancia fue breve pero bastante interesante. Estando en la sala de espera para abordar mi vuelo de Iberia que me llevaría a Madrid, tuve la oportunidad de ver como se movía el más reciente desarrollo de la aeronáutica, un A380. Con el impacto de tremendo animal que era ese avión, subí a mi vuelo y partí hacia Madrid.
Llegué al Aeropuerto de Barajas, a la Terminal 4 la más reciente adquisición de la central madrileña, diseñada por Richard Rogers. Me fue a recibir mi querida amiga Faride, a la que le estoy muy agradecido por sus atenciones y detalles durante mi estancia en la capital española. Salimos a tomar unas cañas (cerveza) y a comer unas tostas, mientras ella me ponía al tanto de las diferencias que encontraría en la Madre Patria. Para esto era ya el jueves 3 de septiembre por la noche.
El viernes 4 partí rumbo a San Lorenzo el Real de El Escorial, un monasterio construido por órdenes de Felipe II para que fuera su centro de poder y así mismo sirviera como la tumba de su padre el Emperador Carlos I de España y V de Alemania. Se trata de un edificio de más de 200 m de largo por unos 250 m de ancho, que se impone en el horizonte a kilómetros de distancia. En su interior se puede encontrar una colección de pinturas extraordinaria, destacando EL Greco, Tiziano, Van Dyck, Tintoretto, Van der Weyden, El Bosco, así como un impresionante fresco de Luca Giordano. Ahí mismo reposan casi todos los reyes españoles a partir de Carlos I, siendo la cripta real una experiencia solemne e intensa.
La Basílica es sencilla en su interior, pero de unas dimensiones extraordinarias. Realmente un edificio hecho para enaltecer la realeza española y para empequeñecer a todos sus visitantes.
Por la tarde noche caminé por Madrid, conociendo el Palacio Real, La Catedral de la Almudena, La Plaza Mayor y la Puerta del Sol; no sin antes haber pasado por un bocadillo de jamón.
El sábado 5 fue el día de Toledo, la antigua ciudad imperial en el mundo hispano de Carlos I. La ciudad se encuentra al margen del Río Tajo, y engloba tanto a la cultura cristiana como sefardí (judeoespañola) y árabe. Caminar por las callejuelas angostas y medievales de la ciudad de transportan siglos atrás. La Catedral de Toledo, de estilo gótico es fascinante tanto en su interior como en su exterior. Su hermosa torre y su pórtico repleto de esculturas góticas que decoran cada rincón de la fachada, son una bella muestra de la arquitectura medieval. Su interior es toda una experiencia, ya sea por su fantástico rosetón, por el Coro en el que no sabes ni a donde voltear por que a donde mires te encuentras con algo maravilloso, el Retablo Mayor de un detalle y magnificencia, El transparente barroco en el ábside, la sacristía con su grandiosa colección de arte, la sala capitula, etc... Toda la catedral merece su atención; sin duda una gran experiencia!
Posteriormente fui a presentar mis respetos a una de las pinturas más increibles del renacimiento español: El Entierro del Conde de Orgaz, de El Greco; pintura a la cual simplemente hay que verla y disfrutarla, ver sus detalles y simbolismo.
Luego siguieron La Sinagoga del Tránsito y la Sinagoga de Santa Maria la Blanca, ambos edificios son de una intimidad y delicadeza que contrasta con la grandiosidad de la catedral católica.
Por último fue el Monasterio de San Juan de los Reyes. Sin duda mi lugar preferido de Toletum, simplemente Celestial. El claustro gótico te deja sin palabras, te empapa de un misticismo que solo el gótico puede lograr, podría decir que es... Mágico.
Por último fue el Monasterio de San Juan de los Reyes. Sin duda mi lugar preferido de Toletum, simplemente Celestial. El claustro gótico te deja sin palabras, te empapa de un misticismo que solo el gótico puede lograr, podría decir que es... Mágico.
Hasta aquí dejo esta entrega porque se ha vuelto algo extensa. En breve la segunda parte.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada